¿Alguna vez has pronunciado alguna de estas palabras mágicas? Yo, ya te confieso que sí:

“No seas tan pesimista, tienes muchas razones para ser feliz”. Siguiendo con una enumeración de verdaderamente buenas razones, para ver la botella medio llena.

Es muy probable que estas palabras, en alguna ocasión, nos hayan ayudado a ayudar. ¿Pero qué pasa cuando tenemos la sensación de que con algunas personas, no solo no nos funcionan, sino que incluso parecen estar empeorando las cosas? ¿Te ha pasado alguna vez?

Bienvenid@ a un círculo vicioso.

 

En este post, te desvelaré a través de este ejemplo, un efectivo y hasta divertido método para enfrentar tus problemas de una forma diferente. Si lo aplicas bien, no habrá círculo vicioso que te atrape!

¿CÓMO SE FORMA UN CÍRCULO VICIOSO?

Muchas veces no nos damos cuenta de que nuestra forma de enfrentar una dificultad, en este caso, un sensato consuelo, de no ayudar la 1ª ni la 2ª vez, difícilmente ayudará las siguientes. Sin embargo, es muy común que no desistamos y repitamos nuestro discurso, con diferentes matices e intensidades, una y otra vez, como si el problema de nuestr@ amig@/pareja/familiar fuera de mala memoria, y tuviéramos que recordarle una y otra vez los numerosos colorines que tiene la vida, más allá del negro carbón.

En este caso, la sensación de que estos bienintencionados consuelos no solo parecen no consolar, sino que parecen provocar el efecto contrario, puede no ser solo una sensación.  Para comprobarlo, reflexiona un momento sobre la posibilidad de que en ese “bucle consolador”, en el que estás o has estado, se hayan dado alguna o varias de las siguientes circunstancias

1. La persona consolada se siente incomprendida, y o bien se aísla, dejando de compartir contigo sus sentimientos, o bien, con el fin de rebatir tu “discurso feliz”, intenta buscar más razones que te demuestren lo vacía que está la botella.

2. La persona consolada se siente culpable por no ser capaz de valorar las cosas como “debería”, y tus palabras le sumen aún más en el pozo.

3. La persona que consuela una y otra vez sin éxito, angustiada tanto por las quejas como por no poder ayudar, o bien comienza a evitar a la persona a la que quería ayudar, o bien continúa a su lado pero con un malestar creciente que, tarde o temprano, de una forma u otra, afectará a la relación.

¿Puede haber un resultado más opuesto al que se pretendía?

LO QUE NOS DICE LA PSICOLOGÍA DE LOS CÍRCULOS VICIOSOS

Parece que una vez más se cumple un sabio dicho popular: “Fue peor el remedio, que la enfermedad”, cuya traducción científica “La solución es el problema”,  es una de las ideas base de la escuela de terapia familiar sistémica MRI (Mental Research Institute), una de las instituciones de psicoterapia más emblemáticas de EEUU, fundada en Palo Alto (California) en 1959. Su principal aportación conceptual, alejándose del psicoanálisis imperante de la época, donde el foco de estudio se encontraba dentro de la persona, fue desplazar ese foco hacia el sistema o lo que es lo mismo,  analizar el cómo  las personas  interaccionaban entorno a un  problema.

Para explicarte todas estas ideas de una manera más ilustrativa, utilizaré el mismo ejemplo que describen en Cambio (libro casi fundacional de la escuela MRI y que te recomiendo muy mucho, si te interesa tanto como a mí, el estudio del comportamiento humano).

Coge una hoja de papel y dibuja la siguiente figura de 9 puntos: El reto es unir estos 9 puntos usando sólo 4 líneas rectas, dibujadas sin levantar el lápiz del papel.

¿Lo has conseguido? Si la respuesta es sí, mi enhorabuena!

Yo no lo conseguí, y lo cierto es que la mayoría de l@s que intentamos resolver este problema por primera vez, no damos con la solución correcta (que podrás conocer pinchando aquí), y no lo hacemos porque introducimos como parte de la solución, un supuesto que lo hace imposible:

“Los puntos constituyen un cuadrado imaginario y la solución debe hallarse dentro de ese cuadrado”.

Al actuar en base a la suposición equivocada y autoimpuesta de que las líneas no pueden ir más allá de los puntos, lo único garantizado es el fracaso y la frustración.

Además, si te paras a pensar en cómo intentaste resolver el problema, verás que aunque seguramente reconociste después del primer intento, que la solución dentro del cuadrado era imposible, continuaste aplicando el mismo tipo de solución una y otra vez, haciendo variaciones, pero siempre  desde el mismo supuesto.  Quizás modificando la velocidad, el punto de partida dentro del cuadrado, la frecuencia de los intentos, o la intensidad del esfuerzo, es decir, aplicando y obteniendo lo que el MRI denomina “más de lo mismo” o cambios tipo 1.

¿Te resulta familiar esta forma de actuar? Pues sí, estos son los mismos resultados que obtenemos cuando estamos estancados en un círculo vicioso.

Veamos esto mismo en el ejemplo con el que empezamos:

Si te fijas en las soluciones intentadas por la persona que intenta ayudar, todos sus intentos de ayuda no son más que “más de lo mismo” (cambios tipo 1), basados en lo que cree “Debería ser”.

¿Acaso crees que tu hija adolescente no se sabe de memoria lo que llama “soltar la chapa”? ¿O que tu hijo no sabe cómo vas a reaccionar ante uno de sus berrinches? ¿Piensas de verdad que tu amig@/pareja/familiar no conoce cada palabra de tu “discurso feliz”?

La realidad es que con el “más de lo mismo” al que tendemos, además de ayudar a perpetuar la situación, nos convertimos en totalmente predecibles y respecto a esto, hay que tener en cuenta otra circunstancia: la investigación dentro de la psicología cognoscitiva ha demostrado que las personas procesamos la información ignorando lo que es usual y acostumbrado. Sí, siento decirte (aunque seguramente ya lo sospechabas), que nuestra amig@/hij@/pareja desconecta nada más empezamos a hablar. Por lo que recuerda que para atraer la atención de alguien, una parte de la información que transmitas, debe ser lo suficientemente impredecible, para que se registre como diferente.

Lo que intento transmitirte hoy, es que  liberándonos de reglas como “solo dentro del cuadrado”, que nos limitan en número y tipo de opciones a intentar, conseguiremos poner en práctica intentos de solución verdaderamente distintos e inusuales (cambios tipo 2). Estos provocarán inevitablemente y como mínimo, reacciones también distintas en nuestra amig@/pareja/hij@/compañer@, y por tanto, cambios en nosotr@s,  y cambios en la relación (el sistema).

Resultado: ¡Sayonara círculo vicioso!

Y antes de concretar todo esto en el prometido método, me gustaría hacer 3 aclaraciones importantes:

1. Bajo esta teoría, no se establece ningún juicio sobre la corrección de los intentos de solución aplicada. En nuestro ejemplo, todos los argumentos que damos pueden ser muy ciertos, o no. Lo que se pone en entredicho son las soluciones intentadas una y otra vez sin éxito, y desde una perspectiva única de la realidad. No hay que negar que hay perspectivas más útiles o precisas que otras, pero también es innegable, que no existe una única perspectiva verdadera.

2. El hecho de que digamos que las soluciones intentadas puedan estar perpetuando el círculo vicioso, no quiere decir en ningún caso, que la persona que intenta ayudar sea la responsable del problema, algo que no se entra a valorar. Esta teoría se basa en la posibilidad de cambio derivada de la influencia mutua: yo reacciono ante ti, tú reaccionas ante mi reacción y así sucesivamente, que hace que cualquiera de los implicados en un círculo vicioso, tenga poder para provocar cambios que lo rompan. En el ejemplo, por no extendermeme centro en la persona que intenta consolar, sin embargo el método sería igualmente aplicable por la persona consolada.

3. Me gustaría precisar también que hay casos, como en el bullying o en el maltrato machista, en el que esta perspectiva no es la más apropiada.

UN EFECTIVO MÉTODO PARA SALIR DE UN CÍRCULO VICIOSO

A estas alturas, te estarás preguntando. Sí, muy lógico todo, pero en el caso de nuestra amig@/pareja/familiar tendente a la queja y al lamento vital. ¿Cómo sería esa solución impredecible que nos ayudaría a salir del círculo vicioso? Pues por supuesto, habría que estudiar el caso con más detalle, pero con los datos que tenemos sobre las soluciones intentadas por la persona que consuela, podríamos probar las siguientes estrategias:

1. Abandona 100% el papel de animador/a y en su lugar, acepta honestamente su emoción negativa. Colócate en su piel respecto a cualquier asunto que le preocupe, hazle saber que sus quejas son válidas y que tiene todo el derecho a sentirse angustiad@. No tienes que ser fals@, recuerda que es cierto que la botella está medio vacía.

2. En vez de evitar los temas prohibidos que originan la queja, anímale a que exprese sus protestas, iniciando la conversación tú mism@. Hazlo incluso de una manera más pesimista, expresando tus propios sentimientos negativos, que también los tienes.

Aunque no lo creas, más que abrirle las puertas del negativismo, estas estrategias pueden empujar al “pesimista” a una posición más positiva, entre otras razones, porque le permites desahogarse y le liberas de la “responsabilidad” de demostrar que la botella está también medio vacía. Me atrevo incluso a predecir, que si lo haces bien, será tu amig@/pareja/familiar quien asuma el papel de animador/a! ¡Ya me contarás!

¡Y ahora sí que sí! Ya estás totalmente preparad@ para poner en práctica el esperado Método Anti-Círculos Viciosos, que insisto, sería aplicable por cualquiera de las partes implicadas:

. Divide una hoja en dos columnas: “Soluciones intentadas sin éxito” vs “Soluciones intentadas que han funcionado en alguna ocasión”. (¿Por qué no? Seguro que si lo piensas detenidamente, encuentras alguna).

2º. Intenta detectar el “supuesto” que hay bajo las soluciones intentadas sin éxito y, gíralo 180º grados: “Una persona triste no tiene por qué necesitar ser animada”.

3º. Bajo el nuevo supuesto, empieza a pensar sobre qué cambios concretos en tu forma de actuar respecto al problema, vas a poner en marcha para salir del odioso círculo vicioso. El análisis de las soluciones intentadas que sí te han funcionado en alguna ocasión, seguramente puedan darte pistas. ¡Deja volar tu creatividad y recuerda el poder de las conductas impredecibles!

. Ponte la bata de investigador/a y observa y registra cada nueva solución intentada, así como los efectos que estas están produciendo:

* En ti mism@: La nueva forma de actuar, ¿te hace sentir menos agobiado respecto al problema?

* En la persona con la que tienes el conflicto: ¿Piensas que está teniendo efectos positivos también en él/ella?

* En la relación entre vosotr@s: ¿Crees que ha mejorado de algún modo la relación?

5º. Aplica el “más de los mismo” de aquellas estrategias que te funcionen y disfruta de las mejoras conseguidas!

¿Qué te ha parecido? ¿Crees que te puede ser útil en alguna dificultad por la que estás pasando en este momento? ¡Espero tus comentarios!

Si te ha interesado este artículo, te anuncio que en mis siguientes posts (si te suscribes, los podrás recibir en tu email), describiré ejemplos de casos clínicos concretos, por supuesto no propios por confidencialidad, pero sí casos reales publicados por prestigiosos psicoterapeutas. En ellos, podrás comprobar el súper poder de esta forma de enfrentar problemas, que tirando de creatividad, como veremos próximamente, puede ser hasta divertida!

¿Te atreves a probarlo?

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